viernes, 6 de abril de 2012

Cómo hacer una Torta Volcán del Mar de Júpiter.


Mi hermana y yo cumplimos años el mismo día. Y aunque ella es mayor, es como si hubiéramos nacido a la vez.

Por eso, quiero darle este año un regalo más graaande que el mar que le dí el año pasado,
más, hmmmmm! delicioso que el volcán de chocolate del antepasado, y más redoooondo que el planeta que le dí el año anterior a ese.

¿Qué puede ser así? ¡Una torta Volcán del Mar de Júpiter!

Así que acá les dejo la receta para una excelente Torta Volcán del Mar de Júpiter, que haré con ayuda de un libro de mi papá:

-Debes dejar pre calentando el Sol de las siete de la mañana. Antes es muy frío, después es muy caliente. Así que mejor lo amarras a las siete a una piedra, cosa que no se mueva de ahí.

-Necesitamos unos huevos bien guapetones, como me aconsejó una amiga de España. ¡Lamentablemente en mi casa todos los huevos son feos! así que los llevamos antes a la sala de belleza, y que les hagan un corte a la moda. ¡No hay nadie feo, sino mal arreglado!

-Hay que vertir la harina y el polvo de hornear... ¿Vertir? esto debe estar mal escrito! Yo no conozco esa palabra! debe ser convertir, como los magos... Si! hay que convertir la harina en polvo de hornear. O sea que no es polvo de hornear, sino polvos mágicos. Di unas palabras mágicas para hacerlo.
Pirulín pim pon! Ahí está, aunque parece la misma harina, ahora son polvos mágicos.

-En el libro de recetas de mi papá dice que hay que añadir esencia al gusto. Así que te vas a echar en la lengua un frasquito de esencia de vainilla, porque en el colegio me enseñaron que el gusto queda en la lengua.

-Hay que revolver todo, yo creo que es con la lengua., ¿Porqué para qué el gusto entonces?

-Otra vez dice que hay que convertir todo... en molde! ¡Yo compré un molde para hacer esto y no era necesario! Otras palabras mágicas: ¡Pirulín pin pón! Caray... esta vez no me salió la magia, o el molde tiene forma de... ¡cosa extraña revuelta!

En este punto llega mi hermana, y ve el desastre que he hecho en la cocina, y decide que, como es el cumpleaños de los dos, cocinaremos los dos juntos, porque si cocino yo sólo con mis recetas, nunca tendremos torta para el cumpleaños.

¡Y qué rica nos queda! ¡Más rica que una Torta de Volcán del Mar de Júpiter!

A propósito... ¡Siguen siendo las siete de la mañana, el sol sigue amarrado!

El Diablo Fu

miércoles, 21 de marzo de 2012

Faustino pescó la Luna.

La luna era grande, grande, grande, y era lo único que iluminaba esa noche oscura, oscura, oscura.

En San Juan del Guayabo, un pueblo a dos horas en lancha de Tumaco, no había luz. Sus callecitas de barro estaban enmarcadas por casas de madera que parecían flotar en el aire, aunque solo estaban paradas de puntitas sobre unos piececitos de madera para no mojarse cuando el río crecía, y para que no entraran animales sin permiso del dueño.



En este pueblo vivía el niño Fausto y su abuelita, La abuelita de Fausto ya no veía nada de noche, y Fausto pensó que con un bombillo, acaso tan grande como la luna, ella podría tejer de nuevo en la noche sus canastos.

Por eso Fausto tomó una red de las que usaba para pescar en el día, y ¡zas! la lanzó fuerte hacia el cielo, pescando así a la Luna, que flotaba como un globo, y trataba de volver al cielo.

-¡Abuelita! Traje la luna, ella nos va a dar la luz que necesitamos en la casa- Dijo Fausto al llegar a casa.

La abuela lo miró enternecida.

-Mire ustéd tan lindo, Fausto. Pero está muy mal que traiga la Luna a la casa.

Fausto no entendía por qué la abuelita no se alegraba de tener la luna para tejer canastas. Entonces ella le pidió que lo acompañara al centro del pueblo, dejando la Luna un momento allí.

-¿Qué tú ves?- Preguntó la abuelita.

-No veo nada, abuelita, la noche está muy oscura.

Algunos vencinos habían encendido fuego, pero aparte de eso no se podía distinguir ni siquiera las formas de las cosas.

-¿Cómo van a ver estas personas por dónde caminan si nosotros tenemos la luna en la casa? Venga conmigo.

Fueron hasta el borde del monte que quedaba al lado del pueblo. Un perro se escuchaba ladrar, pero no se veía dónde estaba.

-¿Cómo van a ver los animales los peligros de la noche si nosotros tenemos la luna en la casa? Vamos para allá.

Caminaro hasta donde estaba el río por el que se iba hacia el pueblo, y desde allí se veía el resplandor de las luces que lo iluinaban.

-Ellos si pueden ver, ¿cierto abuelita?

-No todos, hijo, hay gente que está en la calle a esta hora. ¿Cómo van a ver en una calle oscura, si no tienen la luna? Y sobre todo, mijo, póngame atención. Por muchas luces que tenga, ninguna luz va a ser tan bonita como esa que usted acabó de bajar con la red.

Faustino meditaba lo que le decía su abuela.

-La luna está allá arriba porque así lo quiso Dios y la Naturaleza, que fuera para todos y no para unos pocos. Es como si nos guardaramos el río, o el monte, o la tierra para nosotros solos.

Faustino y su abuela se devolvieron a la casa, y cuando el niño vio a la Luna que había pescado, le pareció que se veía triste. La llevó de nuevo en la red, y afuera, en medio del pueblo, la soltó.

Y ella, como un globo contento, volvió a subir al cielo, a iluminar la noche de todos. De los del pueblo, los animales y planas, y hasta de los que, por tener luz, no sabían que también extrañarían la Luna si alguien la llegaba a pescar.


El Diablo Fu

domingo, 22 de enero de 2012

Si yo tuviera un dinosaurio


Un día en el colegio nos enseñaron sobre los dinosaurios. Y nos enseñaron que dino significa terrible, porque eran muy grandes, aunque no todos eran terribles.

Cuando llegué a casa, le dije a mi tía, que es la persona con la que yo vivo, que quería un dinosaurio.

-Si yo tuviera un dinosaurio, le dije a mi tía, le daría de todos los días comer.

-Si tú tuvieras un dinosaurio, no nos alcanzaría el dinero para darle de comer.


-Pero si yo tuviera un dinosaurio, insistí, limpiaría cuando hiciera popó o pipí.

-¡Si tuvieras un dinosaurio, no te bastarían 10 días y 10 palas, y 10 bolsas grandes para recoger todo lo que haría!


-Pero… si yo tuviera un dinosaurio, lo sacaría a pasear todos los días.

-Si tuvieras un dinosaurio, al pasear aplastaría las casas de todos los vecinos.

-De todos modos, ¡si tuviera un dinosaurio dormiría en mi cuarto!

-Si tuvieras un dinosaurio, ni tu cuarto, ni en la sala, ni en el patio podría dormir.

No volvimos a hablar del tema, porque me pareció que mi tía no quería un dinosaurio de mascota.

Sin embargo, al otro día, mi tía llegó con un perrito que encontró abandonado en la calle. Y yo le puse Perrosauro, aunque es pequeñito.

¡Pero si vieran cuánto come, y cómo ensucia, y cuánto corre, y cómo duerme, sabrían que es un Perrosauro!

Tener un perro es una dino-responsabilidad. Pero el cariño que le tengo también es terrible.

El Diablo Fu


El sitio de la imagen es este

http://yosoyluar.blogspot.com/2010/09/mini-dinosaurio-mordiendo-un-nino.html

martes, 15 de noviembre de 2011

EL SALÓN DE CLASES


Serie de cuentos interactivos. Conoce a los distintos niños de este salón de clases, y a sus maravillosas mascotas en el orden que tú quieras.
Haz clic AQUÍ.

lunes, 17 de octubre de 2011

Carta a una niña sorda.


Como no puedo hablar cada vez que estás cerca, he concluido que tengo problemas en la garganta. Porque cuando te voy a hablar me sale un sonido ronco, como de columpio quejándose, como de puerta adolorida.

Y entonces me recomendaron acercarme a ti con una bolsita que tuviera panela y miel, porque dicen que eso es bueno para la garganta. Yo pensé que serviría también para que mis palabras no sonaran feo, sino dulce, así como suenan tus ojos, así como escucho tu pelo, así como cantan tus dientes cuando los veo brillar.

Pero resulta que no escuchaste nada, no sé si porque no dije nada, o porque necesitabas un traductor de palabras derivadas de la abeja y la caña. Entonces, para descartar cualquier cosa, te escribí una carta con la panela y la miel, con el sonido de tus ojos, tu pelo, y tus dientes.

Y al otro día llegaste con un cuerno que te ponías en tu oído, y en el cuerno ponía yo la panela y la miel, y ahora me escuchas. Estoy mintiendo, ojala fuera yo capaz de mandarte la carta.

Pero creo que si debes ser sorda. Sorda a las palabras que no me salen cuando las quiero decir.

El Diablo Fu

sábado, 3 de septiembre de 2011

Récord mundial de trompo! Las notas de El Diablo Fu

REPORTAJE FANTÁSTICO! Primer capitulo de las notas de El Diablo Fu!


lunes, 8 de agosto de 2011

Supersticiones.


Soy supersticioso. Lo reconozco. No como dicen que son los supersticiosos. No le temo a los gatos negros, que untados de noche, son pedazos de noche en el día; ni temo a romper los espejos, pues un espejo roto en mil pedazos es mil veces tu cara en ellos reflejada.

Pero me pongo mi camiseta favorita en un día de examen, y me gusta ver al sol salir en la mañana, para que sea él quien vigile mi día. ¡Qué digo! Si he llegado a dormirme de cabeza cuando las cosas no andan bien, a ver si al otro día la vida también se dio la vuelta. Pero hay algo que es de más buena suerte que un arco iris en mi tejado, o una mariposa en mi tarea. Y es verte a ti.

Ese día que te vi, llovió y llegué mojado y tarde al colegio, se me perdió el dinero de las onces y la profe me puso mala nota.

Ese día que te vi, olvidé el camino a casa, y cuando llegué, me di cuenta que también había olvidado mi libro de matemáticas en el colegio.

Ese día que te vi, se dañó el televisor, y mis papás me prohibieron salir, y me perdí los dos partidos más importantes del mes: el de Colombia contra Argentina, y el de Los Rompe-vidrios (donde juego yo) contra Los Pecuecas.

Y sin embargo, ¡ay!, sin embargo, te puedo decir que ese día en que te vi sin que esperara verte, fue el mejor día de mi vida. Porque te vi y ya. Porque nada podía ser mejor.

O tal vez lo que es de buena suerte, es despertarse tarde. Porque ese día me desperté tarde, y descubrí que sales de tu casa 15 minutos después que yo.

Ahora, a mis supersticiones le agregué esa, despertarme quince minutos tarde, y funciona de maravilla. Aunque la profesora me sentenció que voy a perder por retardos, cada día es un buen día cuando te veo.

El Diablo Fu


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